Estrenan música descubierta en el patrón del manto

Regalo de la “Morenita”

El Teatro José Peón Contreras, escenario de estrenos mundiales, acogió anoche el de la pieza sinfónica “Música en el manto de la Virgen de Guadalupe”.

La obra, descubierta por el estudioso de la Virgen Fernando Ojeda Llanes, fue ejecutada por la orquesta de la Vienna Music & Art Academy-Yucatán, que dirige José Luis Chan Sabido, y el coro de la misma organización, a cargo de Nidia Góngora.

La melodía fue “descubierta” al seguir el patrón de las estrellas y las flores en el manto de la Guadalupana, pues al colocarlo sobre un pentagrama, cada estrella y flor coincidía con las líneas como notas musicales.

Previo al estreno mundial, el público escuchó la “Obertura Finlandia” de Jean Sibelius; el “Concierto para corno y orquesta en Re Mayor” y el “Ave Verum”, ambas de Mozart, y el “Réquiem”, de Gabriel Fauré.

Tras la primera parte, Ojeda Llanes subió al escenario para compartir cómo descubrió la música. Aseguró que no fue de la noche a la mañana; fue un proceso que se inició en 1990 cuando empezó sus investigaciones.

Relató que monseñor Eduardo Chávez, postulador de la causa para que Juan Diego fuera canonizado, lo invitó a investigar sobre la Virgen en el único ámbito científico que no se había realizado. Recurrió entonces a Pitágoras, quien decía que las matemáticas se componen de cuatro elementos: aritmética, astronomía, geometría y música.

Cuando le tocó investigar la parte musical recordó que Pitágoras decía que donde hay simetría perfecta hay música. “Y la Virgen es perfecta”, dijo para señalar, apoyado en unas diapositivas, cómo se fue dando la música. Luego invitó a la audiencia, que llenó todas las localidades del teatro, a escuchar la versión original de la melodía antes que le hicieran los arreglos orquestales.

Llegó entonces el momento de escuchar la música celestial, cuyos arreglos para orquesta estuvieron a cargo de Jorge Carlos Milán Magaña, quien previamente había declarado que para la adaptación escuchó mucha música de Mozart y Bach.

La composición, de casi seis minutos, incluyó sonido de órgano, campanas, cornos, violines, chelos y contrabajos, que ayudaron a pasar de momentos dramáticos a otros de paz, que cautivaron al público, que de pie brindó un prolongado aplauso al concluir la interpretación. Y, en medio de la euforia, se escuchó “¡Viva la Virgen de Guadalupe!”. — Jorge Iván Canul Ek

 

 

 

 

 

 

[/fusion_builder_column][/fusion_builder_row][/fusion_builder_container]